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“Un puro es materia y memoria unidas por el humo.”
Guillermo Cabrera Infante
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Ritual del Puro | Encendido
 

La fase que requiere más profunda concentración en el ritual del puro, es la de encenderlo. En el instante que media entre encender la llama y tomar la primera calada se revela el arte y la elegancia de los fumadores. De ello depende que resulte una experiencia deleitante o un verdadero despropósito.

Los aficionados disfrutan inmensamente de esta ceremonia tomando el puro con delicadeza y colocándolo horizontalmente a una distancia de medio centímetro por encima de la llama, sin tocar de pleno el pie del cigarro, de lo contrario carbonizará y un sabor desagradable permanecerá durante toda la fumada. No colocan el puro en sus bocas sino que lo sostienen y lo giran en su totalidad para formar un anillo de brasa y lo soplan suavemente para que se forme un aro de ceniza perfecto. Acercando el puro a la boca efectúan ligeras bocanadas mientras continúan rotándolo hasta que encienda de modo uniforme, esto evita que se forme el efecto túnel, en el que un lado arde más deprisa que otro.

Esta cuidadosa atención al encender un puro posibilitará que el resto de la fumada los sumerja en una gratificante e intensa sensación de placer.

El encendido es también detector de la calidad de un cigarro. Un exceso de humedad hará que el puro se apague por dificultar el tiro; uno elaborado totalmente a mano también puede presentar imperfecciones en su torcido.

Puede suceder, de todos modos, que un puro encendido de forma adecuada se apague o bien por estas deficiencias, o bien porque durante la fumada olviden, durante algunos minutos, darle una calada. Esto ocurre a menudo y ello no significa que deba abandonar la experiencia. Primeramente hay que sacudir y soplar la ceniza para confirmar que, efectivamente se ha apagado y, una vez calentado a llama distante el pie del puro, y girándolo, vuelve a encenderse con la misma disposición que al principio. Intentarlo después de transcurridas varias horas o aún, al día siguiente no es aconsejable pues su excesiva fuerza distorsionará su sabor original.

Existen encendedores especiales para cigarros que proveen una llama ancha y regulador de intensidad que son los más indicados. Los fósforos de madera extralargo son igualmente óptimos sobre todo si no contienen azufre. En cualquier caso, si se utilizan fósforos comunes, debe esperarse hasta que consuman su composición de azufre. Algunas marcas contienen una astilla de cedro en sus cajas que es ideal para encender los puros. Los encendedores de gasolina y las velas alteran notablemente las delicadas cualidades de un puro, por lo que se desaconseja totalmente su utilización.

 

 

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